Endurecerse para sobrevivir
Hay algo que casi nadie te advierte cuando empiezas a liderar.
No es la carga de trabajo.
No es la presión del sistema.
No son siquiera las decisiones difíciles.
Es el riesgo de endurecerte.
Poco a poco.
Sin darte cuenta.
Como mecanismo de defensa.
Empiezas queriendo cuidar, escuchar, acompañar.
Y un día te descubres justificando decisiones que antes te habrían incomodado.
Normalizando silencios.
Confundiendo firmeza con distancia.
No porque no te importe la gente.
Sino porque nadie te enseñó a liderar sin perderte por el camino.
Quizá el mayor reto del liderazgo hoy no sea decidir más rápido,
sino no dejar de sentir.
¿Te ha pasado alguna vez?




