Magnetismo y profesionalcentrismo

Desde hace tiempo me interesa la relación entre el modelo Magnet y un concepto que considero que debemos incorporar con mayor profundidad al debate sobre la gestión enfermera: el profesionalcentrismo.

El modelo Magnet nos ha enseñado que el liderazgo, la autonomía profesional, la participación en la toma de decisiones, el reconocimiento, el desarrollo competencial y los entornos profesionales adecuados son elementos importantes para atraer y mantener profesionales cualificados y comprometidos.

Pero creo que debemos hacernos una pregunta: ¿qué hacemos realmente para que los profesionales que conseguimos atraer quieran permanecer y desarrollarse dentro de nuestras organizaciones?

Porque atraer talento y cuidar talento no son exactamente la misma cosa. Una organización puede ser capaz de captar profesionales y, al mismo tiempo, tener profesionales que no se sienten suficientemente escuchados, reconocidos o partícipes de las decisiones que afectan a su trabajo cotidiano.

Es aquí donde sitúo el profesionalcentrismo.

No se trata de colocar al profesional por delante del paciente, ni de cuestionar que la persona atendida debe seguir siendo el centro de la atención sanitaria. Se trata de reconocer que detrás de cada cuidado existe un profesional que necesita sentirse escuchado, respetado y cuidado por la propia organización para poder desarrollar todo su potencial.

Durante mucho tiempo hemos hablado de humanizar la asistencia. Quizá ha llegado el momento de preguntarnos si estamos humanizando también suficientemente las organizaciones en las que trabajan quienes cuidan.

Porque resulta difícil hablar de humanización cuando un profesional siente que su opinión no cuenta, cuando las decisiones se toman alejadas de la realidad asistencial o cuando su participación se limita a aceptar decisiones que ya han sido tomadas.

Para mí, el profesionalcentrismo implica entender que el profesional no es únicamente un recurso que debe ser gestionado, sino una persona con conocimiento, experiencia, criterio y capacidad para transformar la organización.

El conocimiento de quienes están cada día junto a las personas que cuidamos también debe formar parte de las decisiones de quienes gestionamos.

Por eso creo que magnetismo y profesionalcentrismo pueden establecer un diálogo muy interesante.

El magnetismo nos ayuda a comprender qué características hacen atractiva una organización para los profesionales. El profesionalcentrismo nos obliga a dar un paso más y preguntarnos qué estamos haciendo para que esos profesionales quieran realmente quedarse.

Quizá el verdadero reto de la gestión enfermera no sea únicamente atraer talento, sino cuidar el talento que ya tenemos.

No necesitamos solamente organizaciones a las que los profesionales quieran entrar. Necesitamos organizaciones de las que los profesionales no quieran marcharse.