Cuando el liderazgo trasciende el círculo de seguridad

Hay mensajes que llegan como un regalo inesperado. No tanto por las palabras que contienen, sino porque consiguen poner en palabras aquello que uno intenta defender y construir desde hace tiempo.

Hace unos días tuve el privilegio de hacer llegar un ejemplar de Liderar Cuidando al General Pedro Erice. Su respuesta, que quiero compartir con vosotros, me ha hecho detenerme de nuevo en el significado del propio título del libro.

«Querido Albert, acaba de llegarme tu libro. Te aseguro que lo devoraré. Simplemente el título es maravilloso, porque para mí, esa es la base del liderazgo en cualquier ámbito: cuidar a los tuyos. En tu caso, va más allá, porque la generosidad rebasa lo que Sinek denomina el “círculo de seguridad” de tu equipo. Muchísimas gracias de nuevo. Un abrazo fuerte.»

Sus palabras contienen una idea que considero esencial.

Liderar es cuidar.

No se trata de una frase bonita ni de un recurso retórico. Es, para mí, una manera de entender el liderazgo. Quien lidera tiene una responsabilidad que va mucho más allá de alcanzar objetivos, gestionar recursos o conseguir resultados. Liderar implica reconocer a las personas que hacen posible esos resultados, escuchar, acompañar, proteger, desarrollar talento y generar las condiciones para que otros puedan crecer.

Simon Sinek habla del «círculo de seguridad» como ese espacio en el que las personas sienten que pertenecen a un grupo que las protege y en el que pueden confiar. Es una idea poderosa.

Pero las palabras del General Erice me han llevado un paso más allá: ¿qué ocurre cuando ese círculo se amplía?

Cuando el cuidado no queda limitado a «los nuestros».

Cuando la preocupación por las personas trasciende las fronteras del equipo, de la organización o incluso de la profesión.

Cuando el liderazgo se convierte también en generosidad, servicio y compromiso con los demás.

Ese es precisamente uno de los planteamientos que subyacen en Liderar Cuidando.

En el ámbito sanitario hablamos constantemente de humanización. Pero existe una paradoja que debemos afrontar: no podemos pedir profesionales capaces de cuidar humanamente si las organizaciones no son capaces de cuidar a quienes cuidan.

Por eso defiendo una gestión enfermera humanizada en la que el profesional no sea considerado únicamente un recurso, sino una persona.

Una gestión que escuche.

Que genere confianza.

Que cuide el bienestar.

Que reconozca.

Que facilite el desarrollo profesional.

Que permita participar.

Y, sobre todo, que entienda que cuidar a quien cuida no es un complemento de la gestión: es una condición para que el cuidado pueda existir.

De ahí surge también el concepto de profesionalcentrismo, que he desarrollado en mi investigación doctoral: situar al profesional en el centro de la gestión para que pueda estar en mejores condiciones de situar a la persona cuidada en el centro de la atención.

El mensaje del General Erice me ha recordado algo que considero fundamental: estas ideas no pertenecen exclusivamente a la enfermería ni al ámbito sanitario.

El liderazgo humanizado es transversal.

Puede aplicarse a un hospital, a un centro de salud, a una empresa, a una unidad militar, a una universidad, a una administración pública o a cualquier organización formada por personas.

Porque, en el fondo, todos lideramos personas.

Y todas las personas necesitan algo esencial para poder dar lo mejor de sí mismas:

sentirse cuidadas.

Por eso agradezco especialmente que el General Erice haya recibido Liderar Cuidando no solamente como un libro sobre liderazgo enfermero, sino como una reflexión sobre una forma de entender el liderazgo.

Su frase —«la generosidad rebasa el círculo de seguridad de tu equipo»— me acompaña desde que la recibí.

Quizá porque resume una convicción que considero esencial:

El verdadero liderazgo comienza cuidando a los tuyos, pero alcanza su máxima expresión cuando ese cuidado es capaz de trascenderlos.

Gracias, General Erice, por sus palabras, por su sensibilidad y por aceptar este pequeño gesto de amistad y reconocimiento.

Seguiremos intentando que el liderazgo deje de ser únicamente una cuestión de dirigir.

Y empiece, cada vez más, a ser una cuestión de cuidar.