La humanización es una palabra muy usada.
Y muy maltratada.
Se habla de ella en planes estratégicos, carteles y presentaciones,
pero desaparece cuando llegan las decisiones difíciles.
Cambios de turnos sin explicar.
Sobrecargas normalizadas.
Exigencia sin sostén.
Eso no es falta de valores.
Es incoherencia organizativa.
En Liderar cuidando defiendo que la humanización real no se mide en gestos amables,
sino en decisiones que incomodan.
Humanizar no es decorar el sistema.
Humanizar no es humo
Humanizar no debe ser negocio
Es reordenar prioridades.
¿Dónde se queda la humanización cuando hay presión?



